La Batata elige: tiene una película favorita, Ararat; un caballo sobre el que corre, el Alazán; escucha Jazz, Cha-Cha-Chá y Salsa; del sabor de la Papa prefiere a su hija más dulce, la Batata.
Es la conformación explícita de una comunidad de palabras que se reconocen entre sí; se miran entre ellas en la complicidad que usa como mirilla el huequito de la a, utilizándola a manera de anteojos:
a-a
Como un trabajo microscópico de observación y rastreo en el disperso universo lingüístico, en este mar verbal polarizado a la manera de Funes; donde las palabras existen como una abigarratada superposición que, de tanto rozarse entre ellas, de acomodarse unas al lado de otras en la épica lucha por el significado, se anulan y pierden su sentido.
Por eso es necesaria esta otra lupa de observación batática. Es un anclaje para la red, un tejido de contensión para la entropía: la batata es el continente (que contiene, pues).
Por eso para hablar batata hay que pensar batata. Desaprender el engarrotado uso lingüístico que por estar en un clima de normalidad, ni avanza ni retrocede. Es decir, que optar por la Batata, conlleva una re(des)estructuración de las formas de la comunicatividad, y con ella de su significado. Implica repensar desde la hamaca, el lugar ontológicamente significativo para el "trópico americano", región que cultiva a la batata, y los universos que ésta produce.
Marieschen: Eres el potencial del potencial.
ResponderEliminarAnda amarrada la marrana hasta mañana.
ResponderEliminar¿Ah?... Nada va a armar la amada Marta para la casa...jala jala marrana brava. Samantha va rara para armar parranda. Falta Clara, Karla, Sara, Tamára... van casadas, hasta armadas: navajas, balas...a matar a Marta para tramar parranda hasta asar a la marrana.